Tengo la impresión de que estamos mal acostumbrados a recibir (si hay suerte) palabras y gestos de falsa complicidad como respuesta a los gritos ahogados de auxilio que siguen a la manida coletilla del "¿qué tal?"
Entiéndase "mal acostumbrados" en el peor sentido de la expresión.
Gracias Pepe por enseñarme a concluir sin rodeos y a buscar la inspiración en los eruditos. Pero, sobre todo, gracias por hacerme sonreír cuando "las negras mariposas" aleteaban a mi alrededor.